A raíz de cierta frase me he puesto a pensar en ello. ¿Me importuna a mi el que la gente sea demasiado visceral expresándose? Si me cuentan la puta mierda de día o lo hasta los cojones que están de todo, desde luego que no.
Me acuerdo, sin embargo, de una vez que leí un artículo de una sabionda criticando no se qué, y me resultó tremendamente molesto de leer, por el uso excesivo de tacos y yosemasquetudes que incluía, sensación que también parecía tener algún que otro lector por los comentarios a pie de página que leí. Destaco esto porque en principio tenía toda la predisposición del mundo a estar de acuerdo con la tía (criticaba cosas que critico yo) pero se iba tan de lista y decía tantas barbaridades que acabó desagradándome. Y tengo en estima a otros columnistas/escritores, como por ej Arturo Pérez-Reverte, que como todos los que lo hayais leído alguna vez sabreis, no se ahorra un gilipollas ni para narrar Caperucita Roja.
No es, por tanto, el usar insultos o palabrotas en general lo que me molesta, sino la función que se les otorga. El uso adecuado y moderado de estas palabras ayudan a transmitir mejor el mensaje, causando una mayor impresión en las partes que se quieren destacar del monótono discurso. Y también en otros casos a descargar la ira y quedarse tranquilo, siempre que se sepa cómo, cuándo y dónde decirlos.
Lo que no puede ser es usarlas sin ton ni son y de forma constante. entonces, ni válvula de escape, ni enfasis, porque no se puede enfatizar nada en un discurso a gritos y tacos.